jueves, 1 de marzo de 2012

Jaime Vásquez Izquierdo: el adiós

Jaime Vásquéz Izquierdo, en su casa de Iquitos.
Ricardo Vírhuez Villafane / Lima

Ayer me llamó Nancy Dantas desde Iquitos para contarme que Jaime Vásquez Izquierdo, mi amigo de tantos años, estaba muriéndose en el hospital. Y ahora me llamó Martín Reátegui para decirme que hoy a las 2 de la madrugada falleció Jaime Vasquez Izquierdo, solo, enfermo, después de varias semanas de no dormir y no comer.

Y pienso: cuántos días y noches de conversación animada, solos o con Manuel Mosquera, bajo las cálidas noches de Iquitos, entre las tormentas furiosas o el calor abrasador de las tardes. A veces tocaba el violín. A menudo hablaba del libro que acababa de escribir. Y es que Jaime Vásquez Izquierdo, a quien sin duda casi nadie conoce en el Perú, es uno de los más grandes novelistas peruanos.

Lo primero que leí de él fueron sus poemas, poesía vibrante y sufriente, hermosa y cruel como una vida desgarrada. En 1986 publicó Río Putumayo, extraordinaria novela loretana de amor, guerra y crítica social. Después vinieron los dos primeros tomos de su tetralogía Cordero de Dios, fabuloso intento de ficción novelística, donde fluye la vida de un Iquitos rural que se hace urbano a pasos apresurados. 

Y aquí Jaime Vásquez Izquierdo ya mostraba su judaísmo, religión materna que abrazaba con humildad y fervor. Después publicó Kontinente Negro, tortuosos relatos de una conciencia castigada por la angustia vital. Su última novela publicada (escritas tiene muchas más, ojala la familia las conserven) fue La guerra del sarjento Ballesteros, amargo testimonio contra el centralismo limeño y las inútiles guerras para defender el territorio, pues los políticos se encargaban de cedérselos a los países vecinos.

Jaime Vásquez Izquierdo no solo ficciona, crea historias subyugantes y experimenta con su propia biografía en cada narración. También reconstruye un lenguaje propio, basado en el fonético español sefardí, y amolda el castellano a una funcionalidad atractiva para su novela.

Pero Jaime Vásquez Izquierdo ya no está. Ha muerto hoy. Hablé con él hace unos meses. Lo llamé por teléfono, estaba mal, había intentado suicidarse y se estaba recuperando. Apenas nos sacudíamos de la ingrata noticia de la muerte del gran poeta Juan Ramírez Ruiz, y otro grande se nos muere. No importa que muy pocos lo conozcan o casi nadie haya leído sus libros. Ya lo conocerán. Ya lo leerán. Y las palabras suenan tan insignificantes cuando del gran amigo solo queda el recuerdo.

(19 enero 2008)

1 comentario:

  1. Sí, se fue un gran maestro, fue mi maestro, y de casualidad estaba visitando a mi madrecita cuando ví que llevaban a alguien al cementerio judío, me cerqué curiosa, y... era mi maestro, dijeron que se había suicidado, que efectivamente estuvo en el hospital, pero que igual se murió. Terco como era él cuando se empecinaba en algo. lo enterraron el estilo judío, dejaron todas las ofrendas florales afuera, sólo pusieron cascajitos de ladrillo y cemento sobre su tumba sus hijas, sus amigos, y claro, su alumna, alguna vez solicitó auspicio para la publicación de uno de sus libros a la Municipalidad de Maynas donde trabajo, y cuando le dije que tenía que hablar con la persona a cargo, sólo miró a la persona de lejos y dijo "Yo no le voy a pedir nada a ése". Tenía un orgullo muy propio, sabía lo que valía. La posteridad le dará la razón. De que era grande, era muy grande. No sé si le devolvieron su machote, era un original. Las autoridades no siempre son personas que conocen lo valiosos que son los libros, o a lo mejor sí lo sabían y se lo quedaron, no lo sé. Me dijo que tenía más de 7 libros inéditos. Ojalá que sus hijos o sus nietos algún día lo publiquen. Alguna institución debería hacerlo. Los derechos de autor cuando la persona ya no está son difíciles de manejar. Una oración para mi maestro. Este mayo del 2018, lo pondremos junto a los más representativos escritores de la Amazonía peruana, en las paredes de nuestra Biblioteca Pública Virtual de la Municipalidad Provincial de Maynas, que se reinaugura luego de más de un año de estar cerrada.

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