jueves, 1 de marzo de 2012

Treinta días perdido en la selva


Ricardo Vírhuez Villafane / Lima

Treinta días perdido en la selva, de Julio Oliveira Valles, es una novela corta tan interesante, que se suma a la anterior sorpresa que significó la lectura de El curaca indomable.

El origen de la historia es sencillo: un maderero sale a cazar y se pierde en el bosque. El deseo de volver al campamento lo extravía aun más, y es entonces cuando ocurre lo entrañable de este libro. El personaje, Felipe Santiago Rojas Preciado, no se sumerge en la desesperación ni la humillación, sino que despliega sus conocimientos sobre la selva para sobrevivir.

Es cuando se suceden las informaciones que podrían dejar con la boca abierta a quienes desconocen el mundo amazónico, pues a la búsqueda de comida, agua y caminos, se suma el pensamiento sobre la posible culpa de chullachaquis y espíritus por su extravío. A medida que pasan los días, aumentan las dudas. El cansancio y el hambre provocan alucinaciones y sueños, afloran las supersticiones, comienza la desesperación.

Sin duda, una hermosa novela corta, intensa y atractiva. Cada vez más, Julio Oliveira no solo demuestra ser un profundo conocedor de la selva y sus secretos, sino un narrador nato, un contador de historias capaz de sumergirnos en su magia y talento.

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